¡Aquí tenemos el argumento de nuestro primer libro para vosotros!


El niño Gustavo Adolfo Bécquer sólo sueña con ser poeta. En Sevilla nadie parece comprenderle, a excepción de su amiga Julia Cabrera. Pero misteriosos personajes que pueblan las páginas de los libros que lee o que encuentra en su ciudad vienen a visitarlo, como el duende Plata o el pianista fantasma Néstor. También el tartuco Sigfredo, que le ayudará en el misterio del esqueleto del caballero medieval Mateo Alfaz, muerto hace más de setecientos años. Con ellos vivirá una extraordinaria aventura llena de peligros y situaciones sorprendentes más allá de la realidad.
 
¡Pronto, ya a la venta!

¿QUIÉN ERA GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER?





        GUSTAVO ADOLFO BÉQUER fue un poeta y escritor español del siglo XIX, encuadrado dentro del movimiento literario del Romanticismo. Nació en 1836 en Sevilla y murió en Madrid, a los treinta y cuatro años. Su obra más importante, Rimas y Leyendas, es un libro donde se agruparon poemas y narraciones publicadas a lo largo de su vida en distintos periódicos.

Léelas y descubre algunos elementos de ellas en las Aventuras del Joven Bécquer.

¡PRIMER CAPÍTULO DE LAS AVENTURAS DEL JOVEN BÉCQUER!


LAS AVENTURAS DEL JOVEN BÉCQUER
 
VOLUMEN 1. GUSTAVO ADOLFO Y EL MISTERIO DE LOS ESQUELETOS ANDANTES


 
 
                                             CAPÍTULO 1
                          UNA REUNIÓN MUY EXTRAÑA
 
                                                                                              Sevilla, 1846



¿Qué demonios hacía un esqueleto de la Edad Media caminando por las calles de Sevilla en mitad del siglo XIX?

Un esqueleto con forma de esqueleto, cráneo de esqueleto, manos de esqueleto y todos los huesos que suele tener un esqueleto. Bueno, quizá no todos, porque algunos los iba perdiendo por el suelo conforme andaba.

¿Y por qué vestía de aquella forma tan extraña, como los personajes de las historias de caballeros medievales de los libros?

Gustavo estaba atónito.

¿Es que sólo podía verlo él?

El niño observó cómo aquel saco de huesos humano, medio vestido con ropas de otra época, pasaba muy cerca y se dirigía a la Catedral.

El fantasma avanzaba muy serio, intentando sujetarse la cadera izquierda, o lo que le quedaba de ella, para que no se le desprendiera del cuerpo al andar. Sus escasas ropas, rasgadas hasta parecer un conjunto de trapos, estaban llenas de suciedad y polvo.

Gustavo lo contempló con ojos desconcertados, girando después la cabeza a un lado y a otro para comprobar si aquella visión era real. Pero aquella figura se entremezclaba con la gente sin que nadie lo mirara. En efecto, parecía que nadie se percataba de su presencia.

El esqueleto, que llevaba puesto un casco de bronce sobre su calavera, y una túnica blanca y rota, con una enorme cruz negra bordada en el pecho, notó que Gustavo tenía los ojos fijos en él.

El muchacho observaba su silueta destartalada que, más que miedo, daba risa por la forma en que se iba agarrando los huesos que casi le caían a cada paso. De repente, el extraño se dio la vuelta hacia el muchacho y, encogiéndose con el único hombro que le quedaba, le dijo:

—Vengo de la guerra y estoy cansado.

Gustavo escuchó aquella voz ronca y seca, y entonces sí tuvo un poco de miedo.

El esqueleto continuó:

—Voy a sentarme un poco aquí dentro.

Después, volvió sobre sí mismo y entró en la Catedral.

           

La segunda vez que presenció algo parecido fue una semana después.

Dos nuevos  esqueletos  caminaban  por  las calles  de Sevilla  como si

aquello fuera de lo más habitual en la ciudad.

Gustavo Adolfo creyó verlos a lo lejos y corrió cuando ellos se perdieron por un esquinazo. En su carrera para encontrarlo, Gustavo tropezó con los tiestos de la puerta de doña Encarnación, y con doña Encarnación misma, que había salido a regarlos:

—¡Niño! –le gritó, casi en el suelo—. ¡Mira bien por dónde vas!

El chico giró la cabeza aún en carrera.

—Lo siento, doña Encarna. Llevo prisa.

—Ya lo veo. Condenado chiquillo, siempre en las nubes.

Los guerreros no se le podían escapar. Parecía mentira lo rápido que andaban para no tener músculos en las piernas. 

Los alcanzó a ver justo  antes  de  que  ambos se metieran  en  la  Catedral.

Otra vez la Catedral, ¿qué pasaba allí? Esta vez no se iba a quedar con las ganas de enterarse, así fue tras ellos y entró con cuidado.

La Catedral de Sevilla era la segunda más grande de Europa y siempre estaba llena de gente. A los religiosos que deambulaban por el recinto se sumaban quienes acudían a rezar, los curiosos que iban a visitar el templo y los propios trabajadores que lo limpiaban. Esta vez, además, Gustavo descubrió que una escena curiosa estaba teniendo lugar. Allí, sentados en los bancos de madera, una docena de esqueletos guerreros, idénticos a los que había descubierto en los últimos días, permanecían esperando a alguien. No hablaban entre sí, y estaba claro que nadie más podía verlos.

El muchacho se fue aproximando despacio.

Cuando se quiso dar cuenta, se encontraba muy cerca del último de los asientos, donde se hallaba una figura vestida de otro tiempo, que guardaba bajo su huesudo brazo el yelmo de bronce.

Al escuchar la respiración entrecortada del niño, el guerrero, o lo que quedaba de él, se volvió. Gustavo pudo entonces apreciar sus ojos huecos, el vacío de su nariz y los pómulos de puro esqueleto de su rostro. Realmente, se trataba de una imagen que ahora provocaba terror.

Gustavo dio un paso atrás, de forma instintiva.

—No tengas miedo. Ven, siéntate aquí.

Aquel fantasma le estaba señalando un sitio a su lado con los larguísimos huesos de sus dedos.

El muchacho miró a su alrededor. Necesitaba saber quién estaba cerca por si se veía obligado a pedir ayuda. La gente seguía pasando, mezclándose con aquellos seres sin carne sin darse cuenta de que tenían un muerto al lado.

El hombre suspiró, en una exhalación que sonó, como no podía ser de otra manera, muy hueca. Era como si el aire que había tomado no hubiera encontrado nada donde asentarse y saliera por el lado contrario por el que había entrado. Después de aquel suspiro fallido, el soldado se volvió de nuevo e insistió:

—Vamos, siéntate conmigo, si quieres. Mis compañeros no son muy habladores.

Sus compañeros eran una docena de esqueletos como él, descansando en distintos puestos de los bancos, mirando al frente, donde se situaba el gigantesco altar de la Catedral.

—¿Quiénes sois? –acertó al final a decir, sin moverse del sitio.

El muerto ladeó un poco la calavera y hasta pareció que en su rostro descarnado surgía una mueca de pereza.

—Somos Cruzados Templarios, naturalmente.

Lo dijo como si se tratara de la cosa más obvia del mundo. Como si los Cruzados no hubieran desaparecido de la tierra hace cientos de años. Gustavo conocía quiénes eran los templarios: valientes guerreros medievales de hacía siglos. Había leído sobre sus aventuras y sus misterios en la biblioteca de su padre.

 

Se acercó un poco más. Después de todo, dudaba mucho que aquel hombre, que no conservaba un solo músculo o tendón, tuviera más fuerza que una mosca.

Se sentó en el mismo banco, aunque dejando una distancia prudencial entre ambos.

—¿Y qué hacéis aquí?

El esqueleto miró a su alrededor, asegurándose de saber dónde se encontraba.

—Nos encontramos en Sevilla, ¿no?

—Claro.

—Y estamos ahora en su Catedral.

—Sí.

—Entonces no nos hemos equivocado. Venimos a escuchar a nuestro Maestre. Somos los supervivientes de su tropa, los Cruzados Negros, y hay algo que debemos resolver en esta ciudad.

—¿Cómo?

En ese momento, otros cuatro esqueletos guerreros, uno de ellos arrastrando su espada, cuyo peso apenas podía sostener, entraron en la zona reservada a los asientos. Dos mujeres vestidas de negro se entremezclaron con ellos, con la intención de rezar en uno de los bancos. Una de ellas se  colocó muy cerca de un muerto, cuyo codo se dislocaba constantemente y caía muy cerca de donde la mujer había dejado su bolso. Si hubiera sabido lo que tenía al lado, a buen seguro que la próxima muerta hubiera sido ella.

Al observar la escena, Gustavo preguntó.

—¿Por qué nadie puede veros, salvo yo?

  La figura se encogió de hombros, provocando que aquel conjunto de huesos con forma humana pareciera un sonajero.

—Bueno, eso es algo a lo que yo no te puedo contestar. Quizá tú deberías saber la respuesta.

—No la sé. Sólo sé que os veo.

—Y yo lo celebro, no creas. Es muy aburrido hablar solamente con tus compañeros de batalla. Llevamos juntos setecientos años y ya se nos ha acabado la conversación.

En ese momento, un esqueleto vestido con ropas oscuras, aunque con la misma cruz al pecho que el resto, apareció por uno de los laterales. Todos se pusieron de pie. El estruendo de huesos movilizado fue tal que Gustavo no comprendió cómo nadie se había dado cuenta.

Un pie fue rodando unos metros hasta acabar en las patas de un banco tres filas más allá. Su dueño pidió que se lo devolvieran y a los pocos segundos se lo ajustaba a los huesos de la tibia como podía.

Gustavo pensó que estaba soñando. No era posible imaginar una situación como aquella estando cuerdo. Se restregó los ojos con fuerza.

Cuando los volvió a abrir, todo el grupo de extraños muertos vivientes había desaparecido. No había ni guerreros, ni huesos, ni sombra alguna de ellos.

Simplemente, se habían evaporado.  

 

El Club del Joven Bécquer

¡EL CLUB DEL JOVEN BÉCQUER YA ESTÁ AQUÍ!

Pronto crearemos un blog con las Aventuras del joven Bécquer para que sigas la saga de andanzas del niño Gustavo Adolfo Bécquer, nuestro primer libro. ¡ESTE SERÁ NUESTRO ENLACE PARA DISFRUTARLAS!

                                  www.elclubdeljovenbecquer.blogspot.com

Os dejamos aquí la portada del primer libro:

                   Gustavo Adolfo y el misterio de los esqueletos andantes

                                   
       Recordad, www.elclubdeljovenbecquer.blogspot.com

 

CONCURSO DIBUJO INFANTIL

Desde nuestra sección de producción cultural estamos preparando un certamen de dibujo infantil para esta Navidad. Pronto os diremos más.

Premio Nacional Infantil y Juvenil 2014

Madrid (EFE).-

 
Ilustración de Raúl Sagospe para el libro 'Prohibido leer a Lewis Carroll" de Diego Arboleda. / Anaya

Diego Arboleda ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su edición 2014 por su novela Prohibido leer a Lewis Carrol.
El galardón, dotado con 20.000 euros, lo concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para distinguir la obra de un autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y que haya sido editada en España durante el pasado 2013.
El jurado que ha fallado hoy el premio ha distinguido el libro de Arboleda por ser "una obra extremadamente original, con un brillante sentido del humor y un gran ritmo narrativo".
"Destaca por sus personajes sólidos y muy bien construidos, así como por al fina ironía de los juegos lingüísticos", ha precisado.
Arboleda (Estocolmo, 1976) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. En el 2008 publicó su primera obra, "Tic-Tac", ilustrada por Eugenia Ábalos y un año después publicó "Mil millones de tuberías", ilustrada por Raúl Sagospe, en un estilo mixto que funde ilustración y texto.
En 2013 publicó "Prohibido leer a Lewis Carrol", ilustrada también por Raúl Sagospe.
Esta obra mereció el Premio Lazarillo y fue incluida en las principales listas de los mejores libros de 2013 y recibió el premio de la Fundación Cuatrogatos de Miami que escoge los mejores títulos publicados durante el año anterior, con el fin de destacar y dar mayor visibilidad a los libros infantiles que se caracterizan por sus cualidades literarias y plásticas.
El jurado que ha fallado hoy el galardón ha estado presido por Teresa Lizaranzu, directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro y formado por Inés Fernández-Ordóñez, Fina Casalderrey, Mariasun Landa, Itziar Zubizarreta, Francisco de Borja Rodríguez, Mariano Garrido; Andrés Sorel y Laura Gallego y César Mallorquí, los dos últimos ganadores del galardón.


Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20141014/54417909280/diego-arboleda-premio-nacional-de-literatura-infantil-y-juvenil.html#ixzz3G8WMQIU9

Coleccionismo de Harry Potter

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Un sombrero seleccionador, bufandas y escudos de las cuatro casas de Hogwarts, anteojos, peluches, almohadas...todo lo que se imaginen sobre Harry Potter, el mexicano Menahem Asher Silva Vargas lo tiene.
Su colección consta de 3097 piezas, y le alcanzó para conseguir el récord Guinness a la mayor colección de objetos sobre Harry Potter.
El hombre es un abogado de 37 años que se hace llamar Asher Potter. Empezó a recolectar objetos del famoso mago hace 14 años, cuando se publicó el primer libro de la saga creada por la británica J.K. Rowling.
 
Las obras literarias y sus respectivas películas, que reflejan "una historia mágica, pero muy humana" se empezaron a convertir para él en un "sentido de vida", hasta que llegó un momento en el que resultaba "imposible" guardar tantas cosas. Por eso, se dio a la tarea de organizarlas y registrarlas en un inventario en el que distinguió 50 categorías diferentes.
Finalmente, el pasado 29 de septiembre fue reconocido su récord mundial, un momento que según dijo, sintió "lo que es la magia realmente". "Llegó a mí la visión de que esto que me causaba tanta satisfacción podría llevarlo a todas las personas que no podían tenerlo físicamente", recordó.
Gracias a Internt, compró objetos que parecieran sacados directamente de las páginas de Rowling, como el giratiempo de Hermione, el mapa merodeador, la pluma de Rita Skeeter o la escoba Nimbus 2001.
"Siempre hay algo más que conseguir, no creo que se acabe nunca", admitió. Por ejemplo, apunta que en su colección una de las grandes ausencias es la corbata de la casa Ravenclaw y que tiene dificultades para importar la espada de Gryffindor, ya que en la aduana puede ser considerada como un arma.
Pero si hay una pertenencia por la que el mexicano tiene un especial apego y es el cuadro que su madre realizó para él hace dos años con motivo del día del niño (30 de abril en México): "Es muy simbólico para mí que ella apoye este sueño y afición por la magia de Harry Potter", confesó.
 
"Los objetos tienen valor por el solo hecho de compartirse; que uno tenga objetos y objetos guardados en casa pierde el sentido", apuntó el letrado, y dio la "bienvenida" a todos los fans que quieran "acercarse a la magia" a su lado.
De hecho, tiene el objetivo de poner en marcha, junto con otros coleccionistas mexicanos, un museo de Harry Potter, en el que se exponga la colección y se realicen otras actividades como talleres o debates.